10 preguntas para saber la edad de tu piel

A veces vamos a comprar una crema y no sabemos cómo decidirnos: signos de envejecimiento o desequilibrio, edad, necesidad puntual, promesas, regalos… Lo ideal es que una profesional nos aconseje según el estado de la piel,  su edad, nuestras expectativas y nuestros gustos, pero reconozco que no siempre es fácil encontrar a quien te aconseje correctamente. Por eso muchas veces terminamos cogiendo una crema de una estantería porque lo que dice en el pack nos ha parecido atractivo o porque es la más cara, pero no tiene por qué ser lo que nos conviene y lo que mejor resultados nos va a dar.

Para poder escoger bien un tratamiento y para saber que lo que nos proponen es correcto, tenemos que conocer nuestra piel y qué necesita. Es un proceso complejo, pero podemos empezar por reconocer si nuestra piel necesita un tratamiento más o menos fuerte que la edad biológica que tiene. Eso qué significa: que puede ser que tu edad biológica sean 35 años, pero tu envejecimiento te coloque en los 40, porque tienes la piel muy “dañada”. Y por lo tanto tendrás que actuar con más firmeza si quieres revertir en lo posible esos daños y, sobre todo, evitar que se sigan acentuando y termines pareciendo de 50 cuando sólo tienes 40.

Te propongo un test sencillo, para que evalúes la edad de tu piel. No es una respuesta científica, pero sí te dará una idea clara de si estás en consonancia con tu edad biológica o no. Puede que no te guste el resultado, pero la mejor forma de afrontar un problema es sabiendo que existe… Límpiate la cara, coge un espejo y responde lo más sinceramente posible. Anota cada “sí”.

  1. Observa tu piel, su color, su luminosidad, su vida. Intenta compararla con el tono de la piel de un bebé sonrosado. ¿Dirías que le hace falta un golpe de luz o de vitalidad?
  2. Sonríe abiertamente, ¿ves arrugas en el contorno del ojo o en alguna parte de tu cara?
  3. Ahora no gesticules, mantén tu cara en reposo. ¿Ves arrugas en la frente, el entrecejo o el contorno del ojo?
  4. ¿Ves otras arrugas? Por ejemplo, en las mejillas, en los labios, en la barbilla, en las orejas…
  5. El surco nasogeniano son esas dos arrugas que nacen en la base de la nariz y que llegan hasta las comisuras de la boca. ¿Lo tienes muy marcado cuando no sonríes?
  6. ¿Tienes bolsas bajo los ojos?
  7. ¿Te ves los párpados caídos?
  8. Analiza el óvalo de tu cara. ¿Te gustaría tensarlo ligeramente hacia las orejas, para que volviera a su lugar?
  9. Coloca el espejo en el suelo y mírate. ¿Dirías que tu piel sufre el efecto de la gravedad y cae de forma generalizada?
  10. ¿Ves manchas oscuras que no sean tus pecas de juventud, en alguna parte de tu piel?

 

Resultados:

Cada “sí” que hayas contestado equivale a un punto.

0 puntos: menos de 25 años

1 a 2 puntos: de 25 a 35 años

3 a 5 puntos: 35-45 años

6 a 8: 45-55 años

Más de 8: más de 55 años

¿Cómo actuar?

Si la edad de tu piel corresponde con tu edad biológica, trátala según la edad que tienes y sigue las indicaciones “cronológicas” de las cremas y/o serums. Si la edad de tu piel es superior a tu edad biológica, planteate hacer una cura de shock centrada en los síntomas que tengas más acusados para aliviar su aspecto y proponte una estrategia de belleza antiedad clara e intensa para no seguir envejeciendo y para “darle marcha atrás al reloj”…

Recuerda, una buena profesional es quien mejor puede aconsejarte para que tu inversión dé los mejores frutos.

Enfoque Morfo-Estructural del envejecimiento

¿No te has fijado que todas las personas no envejecen igual? Te habrás dado cuenta de que algunas mujeres se llenan de arrugas, pero tienen el cuello perfecto… Otras tienen un rostro cada vez más hundido a nivel de las mejillas, pero su óvalo se mantiene en su sitio… Otras no tienen arrugas y su densidad parece la de una chica de 15, pero sin embargo su óvalo tiende a relajarse y su línea se desdibuja…

¿Por qué es? Porque cada morfología de rostro conlleva un envejecimiento determinado. Y por eso, cualquier crema antiedad no está adaptada para cualquier mujer. Esthederm vuelve a estar en vanguardia proponiendo un diagnóstico específico con respuestas específicas. ¿Quieres saber más? Sigue leyendo…

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¡Tú y tu piel sois únicas!

Muchas veces nos preguntan, ¿por qué debería de ir a una esteticista? Yo voy a contestarte con otra pregunta, ¿te has planteado alguna vez para qué sirve la piel, qué funciones
cumple, cómo lo hace y cuál es la mejor forma de tratarla?

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y lo cubre casi completamente, se pliega y se estira permitiendo el movimiento, es resistente pero suave, crece y se readapta cuando engordamos o crecemos, mantiene nuestra temperatura, nos protege del sol y del frío, nos alerta ante un peligro (como una quemadura o una picadura), es parte esencial de nuestro contacto con el medio y con los demás (qué sería de los besos si no pudiéramos sentirlos…), refleja nuestro estado interior (estrés, enfermedad, felicidad, cambios hormonales…) y se modifica enormemente con el paso de los años (y no hablo de los signos de envejecimiento, sino de los cambios metabólicos asociados a la edad).

La piel reacciona ante cada cambio interno y externo. Si la piel está equilibrada, se adaptará perfectamente a ellos, pero si la piel sufre de agresiones que la superan no podrá adaptarse y comenzará a mostrar “disfunciones” (sequedad, exceso de brillos, fragilidad, rojeces, envejecimiento prematuro…).

Su estado interno será esencial en esta función de adaptación al medio. No cumplirá perfectamente si no recibe los nutrientes que necesita, si la sometemos a un exceso de radicales libres (estrés, sol, tabaco, alcohol, medicación, deporte intensivo…), si no la hidratamos y si no tenemos en cuenta las variaciones hormonales.

Otro punto importante son los cambios de estación. Cada paso de una estación a otra marca nuestra piel, hace que “cambie el chip” y comience unas funciones distintas, las que necesita para hacer frente al nuevo medio ambiente.  En primavera todo se acelera, aumentando los pequeños problemas (irritaciones, granitos, tirantez…), en verano se prepara para protegerse del calor y el sol, en otoño hace “piel nueva” para eliminar los estragos del verano y prepararse para el invierno y en la estación fría baja sus metabolismos para concentrarse en luchar contra el frío.

Como ves la piel es compleja, no es un simple cuero de zapato al que simplemente hay que echar crema para que esté lustroso… Tu piel y tú sois únicas en un momento específico de tu vida. Y en ese momento puntual, el tratamiento que necesita es uno concreto, no cualquiera, si queremos tener buenos resultados. Por eso la ayuda de una profesional de la piel (la esteticista) es necesaria. Necesaria mínimo una vez cada tres meses (con los cambios de estación), para llevar a cabo una higiene en profundidad que la “resetee” y la vuelva a hacer permeable a los principios activos y para hacer un chequeo y replantear qué tipo de tratamiento necesita tanto en cabina como a domicilio.

¿Quién mejor que una profesional para decirte qué tipo de crema debes de usar según el estado general de tu piel, de su estado interno y de su entorno? Porque no puedes usar la misma crema en primavera y en verano, si estás embarazada o si no lo estás, si tienes 30 o 40, si comes bien o no, si estás mucho tiempo al sol o no, si te preocupan tus manchas o si “pasas de ellas”… Una esteticista VCANTO será capaz de darte una respuesta global teniendo en cuenta todos estos parámetros.

Ahora vuelve a hacerte la pregunta… ¿Por qué debería visitar una esteticista cada tres meses?

Y si aun no lo tienes claro, ¡escríbeme! Y te daré mínimo 10 razones más para confiar en una esteticista acreditada VCANTO….

 

 

 

El Diagnóstico Cutáneo · Parte I

El corazón del trabajo de una esteticista, de una asesora de belleza y de un médico estético debe de ser la piel. Sólo a partir de un buen diagnóstico podremos recomendar los protocolos adaptados en el centro y la prescripción a medida a domicilio que garanticen resultados.

Pero a la hora de realizar esta etapa fundamental en la relación con el cliente, deberíamos de Sigue leyendo