3 envejecimientos, 3 tratamientos

Cuando pensamos en el envejecimiento tenemos tendencia a pensar que es algo lineal, que empieza alrededor de los 35 años y que con la edad va aumentando progresivamente. Pero no es así, el envejecimiento es algo más complejo y para poder “controlarlo” debemos de conocerlo en profundidad. Eso nos permitirá actuar en todos los factores posibles y, por lo tanto, obtener un mejor resultado.

En primer lugar hay un aspecto del envejecimiento que no tiene que ver con la edad, por eso se llama envejecimiento prematuro. Es el envejecimiento que llega antes de lo normal por un exceso de contacto con elementos que aumentan la cantidad de radicales libres en nuestra piel, acelerando su oxidación. Y este envejecimiento puede ser externo e interno. Externo cuando es provocado por el sol (envejecimiento actínico), la contaminación, la radiación de las pantallas de ordenador o las tablets… Interno cuando es por elementos que ingerimos: alcohol, drogas, pesticidas que llegan con los alimentos, tabaco… Hay varias formas de luchar contra este tipo de envejecimiento: la protección frente al sol, usar diariamente antioxidantes como la vitamina C y la E, evitar los tóxicos, comer lo más sano posible, hidratar bien la piel…

El otro aspecto del envejecimiento es el cronológico, el que efectivamente depende del paso del tiempo. Pero dentro de este envejecimiento también hay dos fases diferentes. La primera fase del envejecimiento comienza con un menor riego sanguíneo y un metabolismo celular que se ralentiza. Como resultado empezamos a producir menos fibras de colágeno y elastina y las células epidérmicas se renuevan más lentamente. La piel comienza a mostrar arruguitas y arrugas, inicio de falta de firmeza, una piel más opaca y con menos vitalidad.

La solución es utilizar tratamientos que aumenten el riego sanguíneo, que revitalicen la piel, que mejoren la producción de colágeno y de elastina y que dinamicen la renovación epidérmica. Por supuesto hay que seguir con la protección frente a los radicales libres y mantener una higiene de vida lo más sana posible.

Pero un poco más adelante se desata una fase del envejecimiento específicamente femenina y de la cual no somos especialmente conscientes, porque los síntomas son muy ligeros, casi imperceptibles. Este envejecimiento está relacionado con los cambios hormonales, pero no penséis que hablamos de menopausia. Aunque pocas mujeres lo saben, este envejecimiento puede comenzar a los 40 años y si no se toman medidas, el resultado a los 50 será una piel muy envejecida.

¿Qué es exactamente lo que ocurre a esa edad?

Alrededor de los 45 años comienzan los desequilibrios hormonales: la progesterona comienza a disminuir y esta hormona es la responsable de muchos elementos en nuestra piel, entre ellas, la densidad. Con la disminución de la densidad de nuestro colchón dérmico se inicia un ciclo vicioso que provoca una menor producción de fibras, con lo cual toda la estructura dérmica se debilita. Aquí comienzan las arrugas profundas y la flacidez.

Por eso es tan importante desde que se empecemos a detectar esos cambios, añadir el uso de tratamientos redensificantes, los que hacen que nuestro colchón cutáneo aumente y mantenga una estructura firme de nuestra piel.

Pero además, la piel comienza a secarse. Incluso pieles que siempre han sido de mixtas a grasas de repente empiezan a sentir que se secan. Este sería uno de los primeros síntomas a tener en cuenta. Si nunca tuviste la piel seca y ahora sientes la necesidad de hidratar tu cuerpo después de la ducha, tómalo como un signo de alerta y pasa a la fase de tratamiento superior. ¿Por qué pasa eso? Simplemente porque ya no producimos la misma cantidad de sebo y el sebo, mezclado con nuestro sudor, es lo que forma una película natural que nos protege de la deshidratación y mantiene nuestra piel confortable y sin tirantez. Por eso es importante a partir de ese momento utilizar texturas un poco más densas, que garanticen una buena protección frente a la deshidratación en cualquier situación.

Espero que ahora hayas comprendido que el envejecimiento no es sólo usar un antiarrugas; es algo mucho más complejo si queremos mantener una piel joven durante mucho tiempo. Por eso la esteticista Esthederm realiza un diagnóstico de envejecimiento cutáneo específico lo que le permite recomendar un tratamiento adaptado al nivel de envejecimiento prematuro, así como al nivel de envejecimiento cronológico. Con ello puede garantizar un resultado óptimo.

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10 preguntas para saber la edad de tu piel

A veces vamos a comprar una crema y no sabemos cómo decidirnos: signos de envejecimiento o desequilibrio, edad, necesidad puntual, promesas, regalos… Lo ideal es que una profesional nos aconseje según el estado de la piel,  su edad, nuestras expectativas y nuestros gustos, pero reconozco que no siempre es fácil encontrar a quien te aconseje correctamente. Por eso muchas veces terminamos cogiendo una crema de una estantería porque lo que dice en el pack nos ha parecido atractivo o porque es la más cara, pero no tiene por qué ser lo que nos conviene y lo que mejor resultados nos va a dar.

Para poder escoger bien un tratamiento y para saber que lo que nos proponen es correcto, tenemos que conocer nuestra piel y qué necesita. Es un proceso complejo, pero podemos empezar por reconocer si nuestra piel necesita un tratamiento más o menos fuerte que la edad biológica que tiene. Eso qué significa: que puede ser que tu edad biológica sean 35 años, pero tu envejecimiento te coloque en los 40, porque tienes la piel muy “dañada”. Y por lo tanto tendrás que actuar con más firmeza si quieres revertir en lo posible esos daños y, sobre todo, evitar que se sigan acentuando y termines pareciendo de 50 cuando sólo tienes 40.

Te propongo un test sencillo, para que evalúes la edad de tu piel. No es una respuesta científica, pero sí te dará una idea clara de si estás en consonancia con tu edad biológica o no. Puede que no te guste el resultado, pero la mejor forma de afrontar un problema es sabiendo que existe… Límpiate la cara, coge un espejo y responde lo más sinceramente posible. Anota cada “sí”.

  1. Observa tu piel, su color, su luminosidad, su vida. Intenta compararla con el tono de la piel de un bebé sonrosado. ¿Dirías que le hace falta un golpe de luz o de vitalidad?
  2. Sonríe abiertamente, ¿ves arrugas en el contorno del ojo o en alguna parte de tu cara?
  3. Ahora no gesticules, mantén tu cara en reposo. ¿Ves arrugas en la frente, el entrecejo o el contorno del ojo?
  4. ¿Ves otras arrugas? Por ejemplo, en las mejillas, en los labios, en la barbilla, en las orejas…
  5. El surco nasogeniano son esas dos arrugas que nacen en la base de la nariz y que llegan hasta las comisuras de la boca. ¿Lo tienes muy marcado cuando no sonríes?
  6. ¿Tienes bolsas bajo los ojos?
  7. ¿Te ves los párpados caídos?
  8. Analiza el óvalo de tu cara. ¿Te gustaría tensarlo ligeramente hacia las orejas, para que volviera a su lugar?
  9. Coloca el espejo en el suelo y mírate. ¿Dirías que tu piel sufre el efecto de la gravedad y cae de forma generalizada?
  10. ¿Ves manchas oscuras que no sean tus pecas de juventud, en alguna parte de tu piel?

 

Resultados:

Cada “sí” que hayas contestado equivale a un punto.

0 puntos: menos de 25 años

1 a 2 puntos: de 25 a 35 años

3 a 5 puntos: 35-45 años

6 a 8: 45-55 años

Más de 8: más de 55 años

¿Cómo actuar?

Si la edad de tu piel corresponde con tu edad biológica, trátala según la edad que tienes y sigue las indicaciones “cronológicas” de las cremas y/o serums. Si la edad de tu piel es superior a tu edad biológica, planteate hacer una cura de shock centrada en los síntomas que tengas más acusados para aliviar su aspecto y proponte una estrategia de belleza antiedad clara e intensa para no seguir envejeciendo y para “darle marcha atrás al reloj”…

Recuerda, una buena profesional es quien mejor puede aconsejarte para que tu inversión dé los mejores frutos.

Una piel luminosa, ¡ya!

No tienes aún los 35 y de repente un día te miras al espejo y ya no ves la luminosidad que veías antes. Rondas los 40 y no tienes muchas arrugas, pero tienes “cara de cansada” o eso dicen tus amigas según te ven y no es porque tengas ojeras. Has pasado la barrera de los 50, te has aplicado algún botox y algún relleno, el resultado sigue siendo terso y firme, pero tu piel sigue sin verse tan “viva” como antes….

Una piel joven (piensa en un niño) está turgente, radiante, refleja la luz, irradia vida… Por eso, a cualquier edad una piel apagada, desvitalizada, opaca… te añade años. ¿Y cuál es la razón de que la piel, tan rápidamente, “se apague”? La falta de luminosidad es el primer signo de envejecimiento cutáneo y está provocada por una ralentización de la microcirculación sanguínea. Nuestros capilares se van debilitando y cada vez llevan menos nutrientes y oxígeno a las células de nuestra piel que, a su vez, no elimina tan fácilmente las toxinas. Si pensamos en la piel como en un cuerpo, es fácil comprender que con menos “comida”, peor respiración y más desechos en los tejidos todas las células funcionan más lentamente, con lo cual no cumplen igual de bien sus funciones de reproducción y síntesis de materias esenciales.

Los resultados de esta menor circulación sanguínea serán:

  • Una piel que se regenera más despacio: la capa córnea, la más superficial de la piel, dejará de renovarse al ritmo de una piel joven y comenzará a hacerse más gruesa. Una capa córnea más gruesa tiene un aspecto más opaco, estará compuesta de una queratina más “vieja” que reflejará menos la luz y dejará pasar menos el tono vital de la circulación sanguínea profunda. Por eso la piel se ve “apagada” y “sin vida”.
  • En las capas profundas de la piel también comienzan los cambios: los fibroblastos, las células encargadas de producir el colágeno y la elastina (las fibras que mantienen nuestro tejido turgente y firme) también reciben menos alimento y menos oxigenación, por lo que empezarán a fabricar menos fibras y de menor calidad. Ahí estará el origen de las primeras arrugas, esas a las que no damos importancia, porque son minúsculas, las llamadas primeras lineas.

Y este proceso se va agravando con la edad, como es lógico, porque la circulación sanguínea será cada vez peor. Lo que significa que la lucha para tener una piel luminosa siempre estará presente a partir de los 30 años aproximadamente.

¿Qué soluciones tenemos?

Como hemos visto el problema está a dos niveles, así que debemos de actuar en ambos si queremos obtener un resultado óptimo. Además, hemos de actuar a nivel síntoma y a nivel causa si buscamos un efecto que no sea sólo ilusorio y momentáneo.

  1. Aumentar la microcirculación sanguínea: tenemos que vivificar nuestra piel, hacer que corra más sangre por ella y que aporte más elementos de calidad. Tenemos varias posibilidades. Estas son algunas de ellas:
  • Realizar una buena higiene profunda que incluya una exfoliación adaptada a nuestro tipo de piel y a nuestra edad. Esta fase es esencial para que el resultado sea inmediato y espectacular, pero también seguro. Una profesional de la estética #vcanto sabrá cómo hacerlo.
  • Realizar un automasaje tonificante cada mañana cuando nos despertamos, después de la ducha y aprovechando la aplicación de tu ritual de belleza.
  • Utilizar un dermaroller cada noche antes de acostarnos para dinamizar las células. Este útil es muy interesante, pero precisa de una utilización correcta para evitar daños. Pregúntale a una profesional de la estética antes de comenzar.
  • Realizar de 15 a 20 minutos de ejercicio intenso cada día. Verte la cara un poco roja después del ejercicio será la mejor prueba de que lo estás haciendo bien.
  • Utilizar un tratamiento cosmético que estimule la microcirculación sanguínea. Algunos ingredientes que tienen este efecto: la escina, la cafeína, el gingko biloba…

2. Aportarle un suplemento de nutrición específica a tu piel que aumente su vitalidad: vitaminas, oligoelementos, proteínas, sales minerales… Este suplemento puedes realizarlo por vía tópica o por vía oral, pero recuerda que lo que aplicas por vía tópica, en forma de cremas o serums, llega antes a la piel. Suplementos revitalizantes ideales: el alga espirulina, la jalea real…

3. Aportar elementos reparadores a la piel, para que le sea más fácil continuar a realizar sus funciones como si fuera joven. Renovadores celulares, cicatrizantes, estimuladores y nutrientes de los fibroblastos…

Y por supuesto, siempre podemos echar mano de la luminosidad instantánea, la que nos da el nácar. Pero, atención, evita el efecto “árbol de navidad”. Cuando el nácar no se trabaja correctamente o no se escoge correctamente su color, da un aspecto “lentejuela” a la piel que no es nada elegante. Decídete mejor por los llamados nácar “soft-focus” de reflexión suave e iluminación natural.

Dentro de estas características, Esthederm te propone dos soluciones en cuanto a tratamientos:

Active Repair Crema sombra
Active Repair: suave exfoliación diaria y reparación profunda.
radiance 2

Radiance, luminosidad instantánea y revitalización profunda.

Crema Radiance, luz instantánea y revitalización profunda,  y Crema Active Repair, exfoliación suave diaria y reparación profunda. Puedes escoger según tu edad o según tus síntomas y, lo más interesante, puedes utilizar Radiance por la mañana y Active Repair por la noche, con lo que obtendrás una sinergia de resultados espectaculares.

¿A qué esperas para darle luz a tu piel?

¡Desintoxica cuerpo, mente y PIEL!

Cada cambio de estación es un momento importante para nuestro cuerpo. Para poder mantener el equilibrio, debemos de hacer un “reset” que nos reprograme para realizar nuevas funciones necesarias con las modificaciones que llegan con las nuevas temperaturas, el nuevo medioambiente… Dicen los naturistas que si el cuerpo está cargado de toxinas esta evolución se hace más complicada y es cuando caemos en las clásicas enfermedades estacionales.

La primavera es una estación importante para eliminar toxinas corporales que se han acumulado durante el invierno, estación dura en la que estamos luchando contra el frío y los cambios de temperatura entre el interior y el exterior. También dicen que es más importante que en otras estaciones, porque la primavera es la estación del renacimiento, de gran fuerza energética que utilizaremos para renovarnos y para desechar aquello que ya no necesitamos.

Dicen que todos necesitamos esta depuración primaveral, pero si además nos sentimos cansados y débiles, puede ser que lo necesitemos aún más. Una buena desintoxicación, no sólo del cuerpo, sino también de la mente, con meditación y relajación, se traduciría en un mejor equilibrio general. Hay varios métodos de depuración: licuados de frutas y verduras, complementos depurativos tomados en ayunas, terapia de colon, dieta a base de sirope de arce… Mi mejor consejo es que preguntes a un buen médico naturópata para que te ayude a realizar una limpieza efectiva y sana. Y si deseas un resultado cuerpo/mente, acércate a un centro de yoga, empieza a meditar 5 minutos diarios…

¿Y qué pasa con la piel? ¿Necesita también esa depuración? Pues sí. La piel acumula muchos radicales libres de su paso por el invierno, estación en la que tiene que realizar un esfuerzo enorme para mantenerse bien protegida y resguardada del frío, el viento y los cambios de temperatura. Aunque limpiemos nuestro cuerpo desde dentro e intentemos liberar nuestra mente de pensamientos tóxicos, si queremos un efecto rápido en la piel, lo mejor es que actuemos directamente sobre ella.

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Radiance, crema detox luminosidad

Si ves tu piel apagada, sin brillo, sin vida, como avejentada, es el momento de hacer una cura detox y entrar radiante en la primavera. ¿Y qué significa eso para la piel? Pues aportarle un cóctel potente de antirradicales libres que frene los daños del invierno, darle un chute de energía que ponga las células a trabajar y acelerar su microcirculación sanguínea para que sea capaz de eliminar los desechos acumulados. Si a todo esto le añadimos una textura ligera y fresca, perfecta para la época primaveral, manteca de karité que suavice las arrugas y alise la superficie de la epidermis y un suave nácar violeta que nos dará automáticamente un tono vital y una luminosidad de juventud, tendremos RADIANCE, la crema detox de Esthederm.

¡Seguro que ya estás deseando probarla! Pregúntanos dónde encontrarla.

Enfoque Morfo-Estructural del envejecimiento

¿No te has fijado que todas las personas no envejecen igual? Te habrás dado cuenta de que algunas mujeres se llenan de arrugas, pero tienen el cuello perfecto… Otras tienen un rostro cada vez más hundido a nivel de las mejillas, pero su óvalo se mantiene en su sitio… Otras no tienen arrugas y su densidad parece la de una chica de 15, pero sin embargo su óvalo tiende a relajarse y su línea se desdibuja…

¿Por qué es? Porque cada morfología de rostro conlleva un envejecimiento determinado. Y por eso, cualquier crema antiedad no está adaptada para cualquier mujer. Esthederm vuelve a estar en vanguardia proponiendo un diagnóstico específico con respuestas específicas. ¿Quieres saber más? Sigue leyendo…

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Protocolos Antiedad (I)

Aunque cada vez se van acercando más las tendencias, no podemos decir que todo el mundo tenga el mismo enfoque en el tratamiento del envejecimiento. De forma general podemos decir que la persona que quiere luchar contra los signos de la edad tiene diferentes herramientas:

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