El tratamiento de las manchas pigmentarias (II)

Como ya vimos en el post anterior dirigido al tratamiento de las manchas, para comprender cómo tratar las hiperpigmentaciones de forma duradera, necesitamos entender qué ocurre en la piel, en cuál de sus capas y en qué células específicamente.

Hagamos un breve resumen: las manchas son producidas por unas células llamadas melanocitos. Estas células son las responsables de producir la melanina, una proteína que se coloca sobre los núcleos de las células epidérmicas como si fuera un parasol, para evitar que los rayos ultravioletas las dañen. La melanina es la que nos va a aportar el bronceado, la protección más completa que nuestra piel puede fabricar contra la radiación solar. En principio, entonces, la melanina es “buena”, nos aporta un color sano, protector…

¿Por qué pasamos, entonces, de tener un bronceado homogéneo a tener manchas? Habría cuatro respuestas básicamente:

  • La primera es que los melanocitos están vivos y reaccionan frente a las agresiones del entorno. Por ejemplo, si año tras año acudimos a la playa con una protección demasiado baja y sufrimos un eritema (nos ponemos rojos), llegará un momento en que los melanocitos reaccionen frente a dicha agresión y comiencen a producir un exceso de melanina en cuanto reciban la mínima dosis de luz. Eso explicaría por qué las pieles morenas tienen más manchas que las pieles claras: por un lado, en general, se protegen menos, porque no sienten esa necesidad y, por otro, generan una melanina más oscura y más visible, con lo que es fácil que la producción irregular se vea.
  • La segunda explicación es que la piel ha estado en contacto por vía interna (lo hemos ingerido o lo hemos producido) o por vía tópica (a través de la piel) con algún agente fotosensibilizante, con lo que se ha manchado al reaccionar frente a los rayos UV. Por vía interna nos encontramos con medicamentos como los antibióticos, los corticoides y los antidepresivos, la vitamina A ácida como la utilizada en el tratamiento del acné, los anticonceptivos orales, nuestras propias hormonas como cuando estamos embarazadas o en periodo de lactancia… Por vía tópica los riesgos se encuentran en los perfumes con alcohol, algunos aceites esenciales, cremas no adaptadas para la exposición solar, algunos detergentes, la vitamina A ácida…
  • La tercera explicación es que algún tratamiento cosmético ha fragilizado nuestra piel, eliminando una capa demasiado importante de nuestra barrera protectora, con lo que los rayos ultravioletas la han atravesado con mayor facilidad agrediendo a nuestras células que, por supuesto, han reaccionado. Entre estos tratamientos podemos encontrar peelings muy profundos o recomendados en época no apta (primavera/verano) o sin la adecuada protección, dermabrasiones continuadas y la utilización cotidiana de productos que contienen ácidos…
  • Y la última tiene que ver con la edad, los desarreglos hormonales que ella conlleva y la consiguiente modificación de los metabolismos celulares.

Partiendo de esta base, para lograr un buen resultado en el tratamiento de las hiperpigmentaciones, lo primero sería analizar si el causante de las mismas sigue “en activo”. Ejemplo: embarazo o lactancia, uso de la píldora anticonceptiva u otros tratamientos hormonales, toma de medicamentos fotosensibilizantes… Si no eliminamos estos agentes externos (medicamentos y hormonas) o esperamos a que cesen (embarazo o lactancia) será mucho más complicado tratar las manchas oscuras. Sí podremos parar su extensión, pero aclararlas será realmente difícil.

 

Y, a partir de ahí, ¿cómo podemos tratar las manchas?

Yo les voy a dar mi opinión después de más de 20 años de experiencia en cosmética y tratamiento de disfunciones cutáneas y una visión muy especial de la piel, como órgano vivo y con células que trabajan en sinergia y que se afectan las unas a las otras. Con esta visión, mi objetivo siempre ha sido el tratamiento para una solución a largo plazo, la “curación”, y no el tratamiento paliativo, más rápido, pero menos eficaz a largo plazo, incluso negativo en muchos casos. Pensemos que el término medio para tratar las manchas está en torno a los 12 meses.

Con esta filosofía en mente, ¿qué opciones encontramos en el mercado para tratar las manchas, qué soluciones aportan y cuál sería la solución ideal?

1.       “Borrar” las manchas de la superficie de la piel. Hay muchos métodos para lograrlo y el resultado dependerá mucho del profesional que decida el tipo de tratamiento, su intensidad y la combinación de sistemas según el diagnóstico realizado: peelings químicos, dermabrasión, láser… El resultado puede ser espectacular muy rápidamente, ya que toda la melanina (la mancha) acumulada en la superficie de la piel es eliminada. Efectos secundarios: si no se utiliza un protector adecuado durante un mínimo de 3 meses, las manchas pueden volver a salir y con más fuerza.

2.       Bloquear la luz para no estimular la célula que produce la mancha (el melanocito). En una mayoría de los casos las manchas son estimuladas por la luz. Es decir que si la luz no llega a la piel, la mancha se va aclarando poco a poco. Por eso las manchas se ven menos oscuras incluso imperceptibles en invierno, pero “vuelven” en verano. Por lo tanto, si bloqueamos la luz con un protector de calidad con factor de protección máximo utilizado correctamente, las manchas se irán aclarando o, como mínimo, no aumentarán. Efectos secundarios: la piel irá perdiendo su poder de reacción natural al sol con lo que si un día olvidamos la aplicación del protector, estará totalmente desprotegida y podrá sufrir un importante eritema y potenciar así la aparición de nuevas manchas.

3.       Inhibir la célula que produce la mancha (el melanocito). La fabricación de la melanina (causante de la mancha) forma parte de un proceso complejo en el que están implicadas proteínas, enzimas, coenzimas… Si inhibimos un máximo de dichos agentes, paralizaremos la producción del pigmento y la piel se irá aclarando. Efectos secundarios: al ver la piel más clara podemos pensar que el problema está “sanado”, pero no es así, sólo lo hemos “paralizado” durante el tiempo que utilizamos los inhibidores. Si dejamos de utilizarlos y nos exponemos al sol si una protección máxima, las manchas reaparecerán.

4.       Readaptar dicha célula a la luz de nuevo, para que no sobreactúe al contacto con los UV y que sea capaz de producir melanina para aportar bronceado y protección, sin producir manchas. Este es el proceso más lento, ya que implica “sanar” una célula. Es también el tratamiento que más implicación conlleva por parte de la clienta que tendrá que ser constante durante más de un año, pero su premio merecerá la pena, porque podrá ponerse morena poco a poco y sin manchas. Efectos secundarios: que las manchas vuelvan si paramos el tratamiento antes de un año.

Si lo pensamos bien, lo ideal sería una buena combinación de todas las soluciones, ¿pero cuál?

En un próximo post dedicado a las manchas hablaré en detalle de las fórmulas que nos permitirán lograr estos resultados en las diferentes fases. Y si tienes preguntas, ¡escríbeme!

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