El estómago y la piel

Dicen que el estómago es nuestro segundo cerebro. En él repercute todo aquello que pasa en nuestra cabeza. Si lo analizas, hay muchas referencias: cuando estamos nerviosos, angustiados, preocupados… nos duele la tripa; cuando tenemos hambre, estamos más agresivos; cuando tenemos estrés tenemos unas ganas enormes de comer chocolate; cuando nos enamoramos tenemos “mariposas” en el estómago; cuando algo nos sienta mal nos salen granitos… ¿Cómo podemos explicarlo?

El aparato digestivo está tapizado por unos 100 millones de neuronas, el 70% de neuronas del cuerpo humano. Su función neuronal es muy parecida a la actividad cerebral de la cabeza y su estructura es totalmente idéntica a la estructura de las neuronas cerebrales y tienen la capacidad de liberar los mismos neurotransmisores, hormonas y moléculas químicas. Es lo que se llama el sistema nervioso entérico o segundo cerebro.

Esta red de células permite mantener un estrecho contacto entre el sistema digestivo y el cerebro. También se ha descubierto que en el estómago se produce el 90% de la serotonina, la hormona de la felicidad y el bienestar, un neurotransmisor que participa en el control del estado de ánimo, la depresión y el control de la agresividad o el sueño.

¿Y qué relación tiene el estómago con la piel?

La piel está también estrechamente ligada al intestino (como lo está con el cerebro). Se ha demostrado que tanto el estrés como la inflamación del intestino pueden comprometer la integridad y la función protectora de la epidermis, la capa más superficial de la piel. Cuando esto ocurre, la piel se fragiliza y baja el nivel de protección de su flora. En qué afecciones cutáneas puede incidir: rosácea, acné, eczema, psoriasis…

¿Cómo podemos mantener nuestro segundo cerebro sano?

Primera y esencialmente mediante la alimentación: si nos alimentamos bien y variado y comemos sin prisa, masticando bien y sin distraernos, el sistema digestivo responde con una gran sensación de bienestar, energía, vitalidad y optimismo.

¿Qué alimentos nos ayudarían? Los que contienen probióticos, el sésamo, el chocolate negro, el arroz integral, los pepinillos encurtidos, el kéfir, el chucrut, la espirulina, la sopa de miso, el tempeh (granos de soja fermentados) y el kimchi (col fermentada en vinagre). También pueden ayudar los probióticos de calidad. Cuidado con los alimentos que acidifican nuestro intestino: los hidratos de carbono, los dulces y las bebidas gaseosas.

Por supuesto un buen ritmo de eliminación intestinal es indispensable: no suprimir las señales naturales de ir al baño, no ir con prisas; crear un ritual a una hora determinada cada día e intentar respetarlo entrenará nuestro cuerpo a “limpiarse” correctamente vaciando los intestinos de toxinas. A ello nos ayudará beber 2 litros de agua al día y la verdura variada.

También nos ayuda la respiración abdominal, los estiramientos, los masajes abdominales y el calor suave en la zona. Por lo tanto, si queremos enriquecer cualquier tratamiento de belleza, basta que incorporemos un masaje abdominal de 10 minutos. Quizás la clienta no lo comprenda inmediatamente, pero a medida que vaya viendo su efecto, lo agradecerá. Y, además, te diferenciará de la competencia.

En este vídeo puedes observar un extracto del masaje abdominal que Esthederm propone. No dudes en contactarnos para más detalles.

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